
En mi casa, en la casa de mis padres quiero decir, en las grandes ocasiones pasamos mucho tiempo en la cocina. No sólo cocinando, sino charlando, discutiendo y arreglando el mundo.
Por eso supongo que me gusta tanto cocinar: me relaja, me da tiempo para pensar, me permite hacer algo que es radicalmente distinto a lo que hago en el día a día y, a la postre, me permite disfrutar del resultado. Y ya no sólo porque me guste comer bien, sino porque me gusta agasajar a mis amigos e invitados con algo en lo que he puesto mi mejor intención y esfuerzo.
Para mi, la cocina, es un elemento socializador, por eso muchas veces me veréis llevar a mi trabajo bizcochos, palmeritas y otras cositas fraguadas siempre entre fogones...
Así que ya sabéis, cuando me veáis con algo de esto entre las manos si ya nos conocemos, pedidme probar. Y si no nos conocemos, ¿qué mejor ocasión?
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